Columna: Un Humedal para Pirque

Por David Ordenes Melillán, Red Ambiental San Vicente.

“Los humedales son zonas donde el agua es el principal factor controlador del medio y la vida vegetal y animal asociada a él.” Manual de la Convención de Ramsar: Guía a la Convención sobre los Humedales (Ramsar, Irán, 1971) 4a. Edición.

La extracción de arena de Lepanto en la década de 1970, produjo en Pirque una serie de excavaciones que sustituyeron suelos agrícolas de buena calidad por un paisaje de abandono y erosión. Durante décadas todo aquel contexto ha pasado desapercibido para la mayoría de quienes visitan la comuna e incluso para muchos de sus propios habitantes.

Destaca en medio del Sector San Vicente de Pirque un predio -privado- en el que dichas explotaciones tuvieron como consecuencia el afloramiento de agua subterránea. Y es bien sabido que donde hay agua pronto habrá vida. 42 años después del inicio de las faenas, la naturaleza a través de la colonización con especies de flora y fauna ha intentado cicatrizar tal desgarro. Nos ha tocado como Red Ambiental de San Vicente, luchar contra la contaminación y destrucción de este humedal que podría ser ejemplo para la Región Metropolitana de recuperación de un sitio devastado.

La importancia de lugares como este, Restaurados Ecológicamente, radica en que nos ayudan a imaginar un futuro en el que nuestros territorios recuperen determinados beneficios naturales para sí. Otorgando un marco, por ejemplo, para la educación asociada a paisajes de conservación -cada vez más requerida por las instituciones educativas-, lo que permitiría generar personas más integradas, y por tanto, comunidades activas en la defensa y protección de nuestro patrimonio natural y ambiental, a la vez que ciudadanos más plenos, con bienestar verdadero. Estos y otros servicios ecosistémicos recuperados, pueden dotar a nuestros territorios de elementos que los constituyan con mayor capacidad de resiliencia frente al Cambio Climático y sus serias amenazas.

Pero nos enfrentamos a la rigidez y la ignorancia orgullosa de servicios e instituciones fundadas en paradigmas de otros siglos. Instituciones para las que el valor de una especie está determinada no en su pura existencia, sino en su categoría de conservación inscrita en tal o cual formulario. Instituciones y funcionarios para los que un espejo de agua de 5 hectáreas de extensión, se asemeja más a un charco de barro que a una laguna.

Pero olvidan, y no tienen oídos para oír, que todas las especies -incluso aquellas ya extintas- alguna vez fueron abundantes y su desaparición se debió precisamente a esa actitud de desprecio a la vida y a sus expresiones.

Hoy se nos responde que en nuestro Humedal solo hay patos. Que solo hay garzas. Aves, aparentemente, sin valor alguno. Que el Águila que lo sobrevuela no es un ave del Humedal y que seguirá ahí exista este o no, como lo hacen los cóndores que sobrevuelan los basurales. Se nos dice que el propietario puede rellenarlo con escombros si quiere y transformarlo en cuantas parcelas se le antoje. Que las prioridades son otras. Porque las prioridades son siempre del Otro.

Pero para nosotros, que habitamos la Tierra con la humildad de quienes todo lo ignoramos, sentimos profundamente el deber de salvaguardar este y tantos otros sitios que nuestra Madre Tierra nos ofrece cada día en respuesta a nuestro desprecio y a nuestro deliberado afán de autodestrucción.

No nos detendremos. Porque la vida misma no será detenida.